Fuego y azufre
Era el momento que Abel había estado esperando con ansias. Finalmente iba a firmar el contrato para que el demonio le concediera su deseo. Ahora no hay marcha atrás, pensó. Estaba feliz, pero no tanto como su infernal contraparte.
La sangre de cerdo que había conseguido para dibujar el círculo mágico empezaba a secarse en el piso de la habitación. El olor era espantoso. Debía mantenerla fresca para hacer funcionar el conjuro. El resto de fetiches e ídolos oscuros estaban colocados con precisión matemática en el orden indicado. El ingrediente principal, una flor tropical llamada Cola de Diablo, estaba colocado en el centro del círculo. Era el último recurso que le quedaba. Se le habían acabado las ideas para resolver definitivamente su problema con ellas. La razón, tan sobrevalorada, había fallado en darle soluciones. Iba a arriesgarlo todo.
Putas, miren lo que me han obligado a hacer- murmuró.
Durante años había tratado de superar las aflicciones que ellas le causaban. Nunca lo dejaban en paz. Sin importar que intentara escapar de ellas o de ignorarlas, siempre sabían encontrarlo. Estaban por todas partes. Había buscado la ayuda de las autoridades, de empresas privadas e incluso de instituciones religiosas, pero todos le decían que no podían ayudarle. Estuvo a punto de perder toda esperanza y resignarse a intentar soportarlas por el resto de sus días aún a costa de su cordura. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que tenía que hacer. Por un precio muy alto aliviaría su pena. No fue nada fácil encontrar los textos adecuados, ya que en las bibliotecas comunes no puede encontrarse mucho material útil sobre satanismo. Fue en un sitio web que no había sido actualizado en más de seis años donde encontró los pasos y componentes necesarios del ritual de invocación diabólica.
En el centro del círculo mágico, Abel comenzó a llamar al ser maligno en una lengua ya olvidada.
-Nigog murka saumgot Kroda...
Las piernas comenzaron a temblarle. Empezó a sentir más y más calor con cada palabra que pronunciaba.
-...¡Yaotl! Nurga minok auta rine...
Sangraba por la nariz. Su garganta se secaba mientras perdía el control de sus manos y su vejiga.
-...Carguul yoalmalacatchoa sinur...
Dejó de escuchar su propia voz. Cientos de personas que nunca existieron empezaron a recitar en conjunto a través de su boca.
-¡Papé, Shaitan! ¡Papé, Shaitan alepe! ¡Shaitan! ¡Shaitan!
Se desmayó. Soñaba que había llegado a una fortaleza fría, en donde los residentes suplicaban que los torturaran más. De una habitación, un carcelero esquelético con un rostro cubierto de moho y piojos de hierro le preguntaba con una voz de campanilla para bicicleta por su número de registro. El timbre de la puerta lo había despertado.
-Buenas noches, mi nombre es San’mudtxu. Me han asignado para hacer un trato con usted.
El visitante era un hombre delgado, con ciertos rasgos faciales curiosamente parecidos a los de Abel. Sus decididos ojos inspiraban una confianza intoxicante. Era un vendedor experimentado. Tanto su piel como su ropa no compartían la misma coloración que tenían el resto de objetos y personas iluminados por el foco del cuarto, parecía que estaba simplemente insertado en nuestro mundo. Contrastaba demasiado. Parecía un fotomontaje hecho por aficionados.
Abel lo dejó pasar. Estaba maravillado, y aterrado, por la contradictoria apariencia del demonio. Era tan común como imposible. El cuarto estaba frío de repente. El cuerpo de San’mudtxu levantaba pequeñas nubes de polvo muy fino con cada uno de sus movimientos. Sacó una hoja de papel membretado de una cartera que llevaba consigo.
-Tengo la autorización de concederle lo que me pida a cambio de su estadía eterna en el Infierno cuando usted muera. ¿Está de acuerdo con los términos?
La pregunta era una formalidad. Cualquiera con la convicción de llamar a un demonio sabe a qué atenerse.
-¿Cualquier tipo de deseo? ¿Lo que yo quiera?, preguntó Abel con codicia.
San’mudtxu sonrió amablemente.
-Bueno, nuestras capacidades tienen límites, ¿sabe? Si deseara ser Dios, no podríamos complacerlo. Créame que nos ha pasado más de una vez en el pasado y eso es muy frustrante para ambas partes. Ahora tenemos una cláusula que nos permite llevarnos el alma de quien pida ese deseo sin que le concedamos nada.
Después de la plática legal tomaron asiento. El anfitrión le ofreció algo de tomar al vendedor, pero este se negó cortésmente. San’mudtxu estaba impaciente. Tenía muchos clientes que condenar ese día, pero por nada del mundo se arriesgaría a acobardar a Abel. Debía mantener la calma y tomarse el tiempo necesario para hacerlo firmar el contrato.
-Dígame, ¿Qué desea pedir? ¿Dinero?
No le contestó. Mantenía los ojos en el suelo Le dio la impresión de que su cliente estaba cambiando de opinión. Debía ser cuidadoso.
- ¿Tal vez desea que alguien se enamore de usted? ¿Le gustaría vivir para siempre? Yo le recomiendo ese deseo. Es muy popular.
Abel levantó los ojos.
- Voy a firmar el contrato ahora mismo.
Generalmente los condenados firman el contrato después de pedir el deseo. De todas maneras, una venta hecha es una venta hecha.
-¿Pero no quiere saber antes si puedo concederle su deseo?
-¿Podés matar a mis enemigas? ¿A todas ellas?
- Sí, pero eso quiere decir que una vez firme el contrato ya no puede retractarse.
Era el momento que Abel había estado esperando con ansias. Finalmente iba a firmar el contrato para que el demonio le concediera su deseo. Ahora no hay marcha atrás, pensó. Estaba feliz, pero no tanto como su infernal contraparte. Le hizo a Abel una pequeña herida en el dedo, que inmediatamente empezó a sangrar. Acercó el contrato hasta donde estaba su cliente y le señaló la línea punteada.
- Firme con su dedo, por favor.
Después de haber guardado el contrato en la cartera, San’mudtxu oyó finalmente el deseo de Abel. No dio crédito a sus oídos. En todos sus años de tentador jamás había escuchado algo semejante. Había pactado con un verdadero demente. Fue afortunado de ser capaz de concederle el deseo.
Las palabras de Abel hicieron eco con furia en la habitación.
- ¡Deseo que matés a todas las ardillas del mundo!














Comments
Este me gusta, ya lo había leído. Espero ver cosas nuevas pronto
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|you'll never understand it... and I'm never really going to explain
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|you'll never understand it... and I'm never really going to explain
PERO es excelente!!!
Buenale!
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Your biggest mistake is
thinking this is about you.
hay kienes desearian eliminar a los sapos jejejej
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Quien no comprende una mirada tampoco lo hara con una larga explicacion........
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Lo nuestro no puede ser, a vos te gusta el Chavo y a mi C.S.I.
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me dio mucha risa el final
debo decir que hasta miedo me dio al principio... XD
saludos
EXCELENTE HISTORIA!!!
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Sans toi, les émotions d'aujourd'hui ne seraient que la peau morte des émotions d'autrefois...
Protège Moi
I bloody love my attitude problem!
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